¿En qué NO se parecen los deportistas de élite y los profesionales sanitarios?
- Florent Amion

- 19 ene
- 1 min de lectura
Actualizado: 22 ene

En el deporte de élite hay algo que nadie discute.
El rendimiento no se improvisa.
Los atletas entrenan mucho más de lo que compiten.
Entrenan de forma continua.
Y no lo hacen solos. Cuentan con entrenadores técnicos, preparadores físicos, psicólogos, nutricionistas.
Entrenan el cuerpo, la cabeza, la coordinación y la recuperación. Porque competir sin entrenar sería una irresponsabilidad.
La ilustración de Kobi Omenaka resume muy bien esta evidencia. En el deporte, entrenar no es un extra. Es parte del sistema.
Ahora pensemos en un profesional sanitario.
Trabaja en un entorno de altísima complejidad. Interactúa con múltiples profesiones. Toma decisiones bajo presión asistencial, emocional y organizativa. Y su trabajo tiene consecuencias reales sobre la vida de otras personas.
Sin embargo, su realidad es muy distinta.
El profesional sanitario no entrena de forma continua cómo trabaja, cómo se coordina, cómo comunica o cómo decide en equipo. Tampoco dispone de entrenadores visibles en habilidades humanas ("blandas") y corporativas.
Y además, las capas que le rodean, organización, liderazgo y equipos, no suelen compartir ni objetivos comunes ni espacios que les permita reflexionar juntos para mejorar.
Se celebran reuniones. Se comparten informaciones. Pero rara vez existe un espacio estructurado para entrenar y aprender más allá de lo clínico, de lo asistencial.
En el deporte asumimos que sin entrenamiento no hay alto rendimiento. En sanidad hemos normalizado justo lo contrario.
Quizá el problema no sea de compromiso individual. Quizá sea de cómo hemos diseñado el sistema.

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