Cuando la vocación ya no basta: entender el desgaste profesional con Martin Seligman
- Florent Amion

- 23 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 22 ene

En una reunión de equipo, una profesional comenta que está cansada. No pide cambios ni hace una queja formal. Habla de falta de energía, de noches que cuestan más, de una sensación de arrastre que no se va con el descanso. Nadie la interrumpe. El responsable agradece el comentario, reconoce el esfuerzo del equipo y pasa al siguiente punto del orden del día.
En los días siguientes, nadie vuelve sobre ello. No hay conversaciones uno a uno. No se abre ningún espacio específico. El clima sigue siendo correcto. El trabajo sale. Las guardias se cubren. Desde fuera, nada parece haberse roto.
En muchos equipos sanitarios, este tipo de escenas se repiten. Con buena intención. Con cuidado genuino. Con la idea, a veces explícita, de que no conviene “remover más”, de que bastante carga hay ya como para añadir conversaciones difíciles. Se protege el ritmo, se protege al equipo, se protege incluso a la persona que habló.
Desde una lente que conecta bienestar, motivación y sentido en el trabajo (Martin Seligman), aparece una tensión conocida: cuidar no siempre es evitar el conflicto. En la práctica diaria, esa confusión genera comportamientos muy concretos. Se agradece el esfuerzo, pero no se explora el desgaste. Se normaliza el cansancio como parte del oficio. Se evita profundizar para no abrir melones que no se sabe cómo cerrar.
Este modo de actuar refuerza algunos malentendidos habituales. Que hablar de límites emocionales es un lujo. Que poner palabras al desgaste puede desestabilizar al grupo. Que, si nadie insiste, es porque no era tan importante. Y mientras tanto, se acumulan costes invisibles: profesionales que siguen funcionando, pero con menos sentido; equipos que sostienen el rendimiento a base de silencio; líderes que confunden clima tranquilo con salud real.
No es un problema de falta de vocación. Tampoco de falta de compromiso. Muchas veces es justo lo contrario: personas muy implicadas en entornos donde proteger del conflicto parece la forma más rápida de cuidar. Hasta que deja de serlo.
En el día a día del hospital, esta distinción se juega en gestos pequeños: en si una frase se retoma o se deja caer, en si una emoción expresada abre conversación o se archiva como “ya escuchada”, en si el cuidado se traduce en presencia real o solo en buenas palabras.
Quizá la pregunta no sea cómo recuperar la vocación, sino cómo estamos cuidando cuando alguien dice que ya no le basta.
En tu unidad, cuando aparece el desgaste, ¿qué suele pasar después: se cuida evitando el conflicto o se cuida entrando en él?



header.all-comments