Job Demands-Resources Theory: cuando el sistema pide más energía de la que devuelve
- Florent Amion

- 8 ene
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 22 ene

Hay días en los que no ocurre nada excepcional. No hay errores graves. No hay conflictos abiertos.
Y aun así, al final del turno, algo está gastado.
No es tristeza. No es enfado. Es una sensación más difícil de explicar: haber funcionado todo el día sin margen. Como si el trabajo te hubiera ido empujando, decisión a decisión, hasta dejarte sin espacio interior.
Ese tipo de desgaste es el que Arnold Bakker y Evangelia Demerouti describen desde hace años en la Job Demands–Resources Theory. No como un problema de compromiso o de actitud, sino como un desequilibrio persistente entre lo que el trabajo exige y lo que permite sostener.
“El agotamiento no aparece solo por trabajar mucho,sino por sostener demandas elevadas durante demasiado tiempo sin recursos suficientes para compensarlas.” Bakker & Demerouti
Demandas no es lo mismo que dificultad
Y recursos no es lo mismo que motivación.
En sanidad, esta distinción se diluye con facilidad.
Las demandas no son solo la carga asistencial. Son la presión emocional sostenida. La interrupción constante. La falta de previsibilidad. La responsabilidad sin capacidad real de decisión.
Nada de esto es accidental. Forma parte del sistema.
Los recursos, en cambio, no son premios ni incentivos. Son condiciones que permiten que ese esfuerzo no se convierta en desgaste crónico: apoyo real, información clara, autonomía operativa, feedback útil, posibilidad de aprender sin exponerse.
Aquí aparece una confusión habitual: cuando estos recursos escasean, se intenta compensar apelando al sentido, a la vocación o a la resiliencia personal.
Bakker y Demerouti son claros: el sentido ayuda, sí…pero no sustituye a los recursos.
“Los recursos laborales activan la motivacióny amortiguan el impacto de las demandas, pero no pueden neutralizar indefinidamente una presión estructural mal diseñada.”
Lo que creemos que pasa
Se suele pensar que la persona se desgasta porque ha perdido ilusión. Que necesita reconectar con su propósito. Que el problema está dentro. Lo que muestra la teoría es más incómodo.
Cuando las demandas se mantienen altas y los recursos son insuficientes, la energía se consume. Y cuando la energía baja, no solo aparece cansancio: cambia la forma de trabajar.
Se reduce la cooperación. Se evitan conversaciones difíciles. Se improvisa más. Se cuidan menos los detalles.
Bakker y Demerouti describen este fenómeno como self-undermining: conductas que no nacen de la mala voluntad, sino del desgaste, y que acaban creando nuevas demandas en el propio sistema.
“El agotamiento no solo es una consecuencia del trabajo; también puede convertirse en una fuente de nuevos problemas organizativos.”
El círculo se cierra solo.
Cuando el sistema no cambia, la persona se adapta… y paga el precio
Aquí conviene detenerse.
No todo depende del individuo. Pero tampoco todo depende de una decisión “desde arriba”. La teoría JD-R muestra que los sistemas empujan comportamientos. Que las personas no solo actúan: responden a las condiciones.
Cuando faltan recursos, la adaptación suele tener un coste silencioso: menos salud, menos calidad relacional, menos margen para hacer bien el trabajo que importa.
“Las personas no se queman por falta de valores,sino por sistemas que consumen más energía de la que devuelven.”
La cultura no se decreta: se estabiliza
En los sistemas complejos, lo que se repite acaba normalizándose.
Las micro-decisiones. Las conversaciones que no se tienen. La forma en que se trabaja cuando nadie está mirando.
Con el tiempo, esas respuestas dejan de percibirse como adaptación y pasan a vivirse como “la manera normal de funcionar”.
Así es como el desgaste individual se convierte en patrón colectivo. Y el patrón colectivo, en cultura.
La pregunta que queda abierta
Si Bakker y Demerouti tienen razón y la evidencia acumulada apunta a que sí, recuperar sentido y agencia no es una consigna motivacional.
Es una señal.
La señal de que el equilibrio entre demandas y recursos lleva demasiado tiempo desplazado en la misma dirección.
La pregunta no es cómo aguantar más.
La pregunta es otra:
¿El sistema en el que trabajas devuelve recursos al mismo ritmo que exige energía…o está delegando ese equilibrio en las personas, una a una, en silencio? Fuente para más información


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