Descubre los cuatro tipos de motivación de un profesional sanitario
- Florent Amion

- 7 ene
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 22 ene

Hay días en los que el trabajo pesa más. No porque haya sido un mal turno. Ni porque haya ocurrido algo especialmente duro.
Simplemente porque, ese día, algo dentro no se activó.
Muchos profesionales sanitarios leen eso como cansancio, desmotivación o pérdida de vocación.
Y a veces no es ninguna de las tres cosas. A veces es más sencillo y más invisible: la fuente de motivación que necesitabas no estuvo disponible.
En sanidad no existe una sola forma de estar motivado. Existen varias, y no funcionan al mismo tiempo ni en todos los contextos. Confundirlas es una de las razones por las que el desgaste aparece sin aviso.
Motivación intrínseca
Hay momentos en los que la energía viene de aprender, de mejorar una técnica, de sentir que hoy lo has hecho un poco mejor que ayer. Esa es la motivación que nace del propio oficio. Suele activarse cuando hay margen para hacer bien el trabajo y cuando el entorno permite crecer.
Motivación extrínseca Otros días lo que sostiene no es el aprendizaje, sino el trato recibido. Sentir que confían en tu criterio, que tu autonomía es real, que el respeto no hay que ganárselo cada mañana. Esa motivación no viene de dentro, pero cuando falta, se nota de inmediato.
Motivación altruista de proximidad También está la motivación que aparece en lo concreto. En un paciente al que puedes cuidar bien. En un compañero al que ayudas. En una situación pequeña donde sabes que tu gesto ha importado. Cuando eso se bloquea, por falta de tiempo, por presión, por mala organización, el malestar no suele expresarse en voz alta, pero se acumula.
Motivación trascendente (o vinculada al propósito) Y hay una cuarta motivación, más silenciosa. La que conecta el trabajo con algo mayor. La sensación de pertenecer a un equipo, de no estar solo, de que lo que haces forma parte de un propósito compartido. No siempre está presente, pero cuando desaparece durante mucho tiempo, el trabajo pierde coherencia interna.
El error habitual es pensar que la motivación es un rasgo estable: se tiene o no se tiene.
En realidad, lo que ocurre es que cada día se activan unas motivaciones y otras no.
Y el desgaste aparece cuando una persona pasa demasiado tiempo trabajando sin poder acceder a la que necesita en ese momento.
Por eso hay profesionales brillantes que se sienten vacíos, personas comprometidas que se apagan sin saber por qué, equipos que funcionan pero no se sostienen.
No porque falte vocación. Sino porque el sistema activa siempre las mismas motivaciones… y descuida las demás.
Quizá la pregunta útil no sea si estás motivado o no. Quizá sea otra, más concreta y más honesta:
¿qué tipo de motivación te está sosteniendo ahora… y cuál llevas tiempo sin poder activar? A veces, ponerle nombre a eso ya cambia la forma de habitar el trabajo.



Comentarios