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La brecha silenciosa que nadie nombra

Actualizado: 22 ene

En muchas organizaciones sanitarias no hay un problema de intención. Se habla de coordinación, de aprendizaje, de experiencia profesional y del paciente. Eso está dicho. Está escrito. Está incluso consensuado.

Y, sin embargo, el día a día cuenta otra historia.

La cultura observada no es un concepto teórico. Es lo que ocurre cada día cuando nadie mira: cómo se decide con prisa, cómo se colabora bajo presión, cómo se habla, o se calla, en los pasillos, en los relevos, en las guardias.

Ahí se forma la cultura real. No por declaración, sino por repetición.

Entre esa cultura observada y la cultura deseada suele abrirse una distancia difícil de nombrar. No es una ruptura visible. Es una brecha silenciosa.

La mayoría de organizaciones se quedan atrapadas ahí: sabiendo lo que quieren, pero entrenando otra cosa distinta sin darse cuenta.

El error habitual es intentar saltar esa brecha con más discursos, más reuniones o planes bienintencionados.Como si la cultura cambiara por acumulación de mensajes.

Pero la cultura no se desplaza así.

Se desplaza cuando el día a día se convierte, consciente o inconscientemente, en entrenamiento.

Las narrativas silenciosas son ese entrenamiento invisible: microgestos que se repiten, lenguajes que se normalizan, formas de mejorar, o de resignarse, que se integran en el trabajo diario sin añadir carga.

No son grandes gestos. Son señales constantes que enseñan qué importa de verdad aquí.

La cultura no se implanta desde fuera. Se aprende desde dentro, en lo cotidiano.

La pregunta no es qué cultura decís querer. La pregunta es:

¿Qué cultura está entrenando vuestro día a día… aunque no lo hayáis decidido?

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